Domingo, Septiembre 15, 2019

A los coches autónomos de Google les vuelven locos las bicicletas

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Seguro que recordáis la pasada conferencia I/O de Google en la que nos enseñaron un impactante vídeo de cómo funcionaban los coches autónomos que no llevan conductor humano y que se sirven de potentes ordenadores para comprender el tráfico que les rodea y obrar en consecuencia.

Tanta confianza tienen los de Mountain View en este campo que, al margen de potenciar en los próximos tiempos este tipo de tecnologías, presumen de escasa siniestralidad al afirmar que tras recorrer 1,8 millones de millas (unos 2,9 millones de kilómetros) sus vehículos apenas se han visto envueltos en 12 accidentes menores en los que la culpa no recaía sobre los coches automatizados de los californianos.

Pero claro, por mucho que los ingenieros de la compañía intenten adelantarse a cualquier imprevisto que pudiera producirse en la carretera, al final no hay nada como la realidad para darse de bruces contra problemas imprevistos. Como los que contó un ciclista que tuvo la experiencia de volver loco a uno de estos coches con su errático comportamiento.

Esas dichosas bicicletas

Todo ocurrió cuando el coche de Google en cuestión y el protagonista de la anécdota llegaron a la vez a una intersección para detenerse por un semáforo en rojo. Como sabéis, muchos de estos ciclistas suelen llegar a ese punto, detenerse, echar pie en tierra y esperar para reanudar la marcha, aunque hay otros muchos que prefieren no perder el ritmo y, mientras esperan a que se ponga verde, dan medias pedaladas hace delante y luego otras tantas hacia atrás. De esta manera se mantienen en equilibrio y al abrirse el semáforo prosiguen su marcha.

Pues bien, este baile que se marcó el ciclista debió dejar completamente descolocado al coche autónomo de Google que durante dos minutos completos no supo qué hacer ante lo que veía. Según narra el protagonista, “Al parecer detectó mi presencia y se quedó inmóvil durante unos segundos. Finalmente comenzó a avanzar, se puso por delante de mí apenas una pulgada mientras estaba en pie. Entonces se detuvo de inmediato. Yo seguía de pie y así estuvo parado hasta que comenzó a moverse de nuevo. En ese momento tuve que mover la bicicleta para mantener el equilibrio y se volvió a detener abruptamente”.

Parece claro que los ingenieros que iban dentro del coche recopilando datos se llevaron tarea ese día a la oficina para afinar un poco más la inteligencia que hay detrás de estos vehículos que, como el mismo ciclista reconoció posteriormente a pesar del incidente, cree que circula más seguro con ellos que con otros donde el responsable de es una persona.

¿A vosotros también os ofrece más seguridad un coche autónomo o un conductor de carne y hueso? Contadnos.

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Fuente: The Washington Post | adslzone

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