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Pasamos el día contando calorías, midiendo los pasos que damos con el reloj y obsesionados con alcanzar las ocho horas exactas de sueño profundo. Pero no todas las claves para la salud están ahí, y de hecho, hay un ingrediente que no podrás encontrar tampoco en las farmacias.

Según ha explicado recientemente en una reveladora entrevista para el diario Deia el doctor José Manuel Felices, radiólogo y uno de los divulgadores médicos más influyentes del país, el enfoque tradicional de la medicina preventiva se queda corto.

Este profesor universitario con experiencia en Harvard lo tiene claro: dormir, comer bien y hacer deporte son pilares básicos, pero insuficientes si estamos solos. Detrás de un sistema inmunológico fuerte y un cerebro ágil se esconde una asombrosa ciencia de la que casi nadie habla.

Hábitos en compañía

Tradicionalmente, la medicina nos ha vendido que la salud se sostiene sobre una dieta saludable, ejercicio moderado y descanso reparador. Sin embargo, el doctor Felices añade una «cuarta pata», como él mismo la denomina, indispensable para dar estabilidad a nuestra vida: las relaciones sociales. Compartir nuestros hábitos con otras personas hace que sea más fácil mantenerlos y, a su vez, desencadena respuestas fisiológicas reales.

No se trata de charlatanería ni de positividad tóxica, sino de pura neurociencia. Acciones tan cotidianas como dar las gracias de forma sincera, ceder el paso, llorar para liberar tensión o abrazar a un ser querido provocan cambios hormonales positivos en nuestro organismo. El cerebro nos premia secretando dopamina y oxitocina, neurotransmisores que reducen la ansiedad, mejoran el rendimiento muscular e incluso aceleran la recuperación ante lesiones.

El gran peligro de la sociedad actual, advierte el experto, es que estamos hackeando este sistema de recompensas. Las redes sociales nos intoxican porque nuestro cerebro no sabe diferenciar entre el agradecimiento real de un amigo tras un esfuerzo y el like vacío que recibimos en Instagram. Esta dopamina barata y sin esfuerzo nos aísla, deprimiendo nuestro sistema nervioso y empujándonos a una apatía que termina somatizándose en enfermedades reales.

Importancia de las radiografías

Más allá de la química cerebral, el impacto de nuestras decisiones diarias deja una huella física imborrable que los médicos ven a diario en los hospitales. El estrés crónico, la falta de motivación y el sedentarismo transforman nuestra anatomía por dentro mucho antes de que lo notemos por fuera.

A través de pruebas de imagen como el TAC o la resonancia magnética, el doctor Felices comprueba todo esto, y lo más alarmante es la infiltración de grasa en los tejidos. En un paciente inactivo, el músculo pierde su densidad y es devorado por tejido adiposo, perdiendo su función de sostén. Del mismo modo, el hígado cambia de color en las pantallas al llenarse de grasa, un estado inflamatorio crónico que predispone a patologías graves como el cáncer.

A nivel neurológico, el impacto es mayor, ya que los cerebros de las personas que se aíslan y dejan de estimularse social o intelectualmente sufren una deshidratación y atrofia acelerada, perdiendo tejido neuronal que es sustituido por el vacío. Por el contrario, un anciano de 80 años con una vida social activa y propósitos diarios mantiene un cerebro sano y completamente funcional.

La ciencia médica pretende atajar esto con la prehabilitación. Cuidar tu masa muscular y mantener un entorno social fuerte no te hace inmune a la enfermedad, pero sí te otorga las mejores herramientas biológicas para superarla. Un paciente con un tejido muscular fuerte y una actitud vital positiva afronta una cirugía, un diagnóstico de cáncer o una recuperación de forma radicalmente distinta y mucho más rápida que alguien frágil y solitario. Como bien señala el doctor Felices en su libro Radiografía de una vida sana, nuestro verdadero plan de pensiones está en nuestros músculos y en la gente que nos rodea.

 

Fuente: Deia | adslzone