En la arquitectura cósmica, o al menos en la que nos han enseñado en los libros de texto basándose en nuestro propio Sistema Solar, los mundos rocosos y densos, como la Tierra o Marte, se agrupan cerca del calor de su estrella, mientras que los gigantes gaseosos y helados, como Júpiter o Neptuno, se quedan alejados. Es una cuestión de temperatura y gravedad que los astrónomos daban por sentada en la mayoría de los escenarios.
Sin embargo, el universo tiene la costumbre de poner en duda continuamente nuestras creencias. Un equipo internacional de investigadores acaba de confirmar la existencia de una anomalía orbital, con un sistema planetario que parece haberse construido al revés y que obliga a escribir de cero todas las teorías.
El protagonista de este artículo es el sistema LHS 1903. A primera vista, parecía un sistema más captado por el Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS) de la NASA. Los datos iniciales mostraban lo habitual, un planeta rocoso algo mayor que la Tierra pegado a su estrella, seguido de dos planetas gaseosos de menor tamaño que Neptuno. Hasta ahí, todo bien, pero el problema surgió cuando los científicos miraron más allá, hacia los límites exteriores del sistema.
Planeta escondido
La sorpresa llegó cuando Ryan Cloutier, astrofísico de la Universidad McMaster en Hamilton (Canadá), decidió analizar el sistema utilizando datos de otros ocho observatorios terrestres y espaciales, y ahí fue cuando descubrió que había un cuarto mundo. Y no era el gigante gaseoso que los modelos predecían para esa distancia. Era un planeta rocoso, marginalmente más grande que su hermano interior, orbitando en la periferia del sistema.
«Estos sistemas no son inauditos, pero son raros. Y aquellos que poseen esta arquitectura única y que podemos caracterizar con tanto detalle son extraordinariamente raros», explica Cloutier en declaraciones recogidas sobre el hallazgo.
La configuración del LHS 1903 es desconcertante, ya que en este orden sería: planeta rocoso, planeta gaseoso, gaseoso y rocoso. Según la teoría estándar de acreción, los planetas nacen casi al mismo tiempo a partir del mismo disco de polvo y gas. Si este fuera un sistema normal, el planeta más alejado debería haber retenido una gruesa envoltura de gas, convirtiéndose en un Neptuno a diminuta escala, al igual que sus vecinos. ¿Por qué este mundo exterior es una roca similar a la Tierra?
Las simulaciones por ordenador descartaron rápidamente las explicaciones más raras. Si una colisión o la radiación estelar hubieran arrancado la atmósfera de este cuarto planeta, habrían hecho lo mismo, y con mayor intensidad, con los dos planetas gaseosos que están más cerca de la estrella, pero sin embargo, ellos conservan su gas. «Es realmente difícil crear el planeta más externo sin afectar a los planetas gaseosos que están más cerca», sentencia Cloutier. La física no cuadraba.
Nacimiento a la inversa
Ante la imposibilidad de explicar este sistema con los modelos de formación simultánea, el equipo de Cloutier, junto con expertos como Solène Ulmer-Moll de la Universidad de Leiden (Países Bajos), propone que el sistema no se formó a la vez en su totalidad, sino poco a poco, por fascículos.
La hipótesis que cobra fuerza es la formación planetaria «de dentro a fuera». Según esta teoría, el primer planeta rocoso se formó cerca de la estrella y luego migró ligeramente hacia el interior. Esto dejó espacio para que se formara el segundo (gaseoso), que también se desplazó, seguido del tercero (gaseoso).
Este proceso secuencial lleva tiempo, concretamente millones de años. Y aquí está la clave del misterio, ya que el disco protoplanetario, es decir, el material que da forma a los mundos, no es eterno. Cuando le tocó el turno de nacer al cuarto planeta, el escenario había cambiado drásticamente. El disco de polvo y gas que rodeaba a la estrella LHS 1903 se había evaporado en su mayor parte.
«Ese planeta final, si ha tardado lo suficiente, se ha formado en un entorno donde ya no hay gas disponible«, aclara Cloutier. Al no haber material ligero para formar una atmósfera espesa, el planeta se vio obligado a crecer únicamente acumulando material sólido, resultando en un mundo rocoso y denso en una órbita lejana.
Fuente: NewScientist | adslzone
