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Mantener una limpieza de los cristales dentro de tu vehículo es clave si quieres disponer de la mejor visibilidad mientras circulas. La suciedad que se genera puede llegar a causar reflejos peligrosos y eso dificulta que la conducción sea segura. Por suerte, los expertos han descubierto una de las razones por las que las lunas siguen presentando ligeras capas de grasa a pesar de que las limpies con regularidad.

Hoy en día, no solo es recomendable tener las luces encendidas incluso cuando la luz del sol está presente a fin de mejorar la visión, sino sobre todo cuando hay condiciones atmosféricas desfavorables. Aun así, estas acciones no son suficientes y existen otros factores de vital importancia que pueden entorpecer en cualquier momento tus maniobras al volante: la suciedad de los cristales interiores.

La DGT (Dirección General de Tráfico) es el principal organismo que quiere velar por la seguridad y la protección de los conductores en autovías y autopistas. Por ello, destaca que tener unos cristales limpios y transparentes podrá salvarnos de muchos percances y contar con la suficiente capacidad de reacción para prevenir accidentes. Según informa, el 90 % de la información que recibimos al conducir nos llega a través de la vista.

En este contexto, los sibaritas de la limpieza lanzan una advertencia y aconsejan poner en práctica un método eficaz para no dejar restos de partículas tanto en la superficie del parabrisas como en el interior.

Evitar el uso de paños de microfibra

Muchas veces pensamos que los utensilios de limpieza que solemos usar para dejar nuestra casa impoluta también sirven en nuestro coche. Y lo cierto es que estábamos totalmente equivocados. Manuel Carrasco, un limpiador de vehículos, ha informado al diario La Vanguardia que limpiar el cristal como hacemos habitualmente en nuestros domicilios es un error que cometemos con frecuencia.

El profesional desaconseja profundamente el empleo de paños de microfibra, ya que se trata de un material que se ensucia con mucha facilidad debido a los productos químicos que se aplican en los mismos. Como resultado, puede terminar dejando pequeños halos de tejido que forman una película de grasa. Como resultado, obtendrás un cristal sucio y con la sensación de que siempre se encuentra empañado. Es por ello que quedan esas marcas tan desagradables a la vista.

Además, el cristal delantero es el que más sufre de todos. Sobre todo en invierno, el empañamiento provoca que aparezca un velo opaco que acumula bastante porquería. Esto hace que te veas obligado a enchufar la calefacción para despejar ese vaho incrustado, aunque continúa impregnado de suciedad.

Cómo limpiar correctamente los cristales del coche

Llegados a este punto, Carrasco apunta que, después de eliminar el polvo con un líquido limpiacristales, lo ideal es repasar la zona con un material seco de limpieza. En este caso, podemos hacernos con una bayeta de carbono que acabe con todos los residuos. El objetivo es no dejar el cristal húmedo, pues esto podría hacer aumentar la agrupación de más moléculas que quedan en el habitáculo. Y, posteriormente, volver a pegarse sobre la superficie.

Asimismo, es conveniente que esta operación se realice cada dos semanas. De esta forma, nos cercioramos de que el cristal parezca totalmente nuevo y no tengamos que estar lidiando continuamente con tediosos reflejos cada vez que los rayos del sol inciden sobre el parabrisas. A pesar de que se puede aplicar un limpiacristales convencional, es importante saber que hay disponibles productos especiales de limpieza en tiendas de automóvil.

El limpiador de coches propone que, si no se dispone de uno de estos agentes desengrasantes, el amoníaco diluido puede ser un remedio casero de alta eficiencia para el interior.

Otros consejos

La DGT ha puesto en marcha otra serie de fórmulas que pueden resultar igual de efectivas y evitar que se ensucien con demasiada facilidad:

  • Usa repelente de agua para que los insectos y la suciedad se adhieran menos al cristal.
  • Observa el nivel del líquido del limpiaparabrisas antes de salir.
  • No uses las escobillas si el cristal está lleno de arena o cuando caiga lluvia embarrada. Lo ideal es echar un cubo de agua limpia.
  • Limpia sin rayar el cristal con paños blancos o cepillos suaves para ejercer presión sin causar estropicios.

 

Fuente: La Vanguardia | adslzone