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Para la mayoría de los usuarios, tanto las tarjetas de crédito como las de débito sirven para pagar. Sin embargo, desde un punto de vista más técnico a nivel financiero, se podría decir que hay una diferencia abismal entre una y otra, y no entenderla puede hacer que se acabe pagando comisiones innecesarias.

Vivimos en una sociedad que camina hacia la desaparición del efectivo, pero la educación financiera general no avanza a la misma velocidad. Como expertos en banca personal, vemos a diario cómo usuarios pierden dinero por errores operativos como este. La clave está en hacerse la siguiente pregunta: ¿De quién es el dinero que estás gastando en este preciso instante?

Si no sabes responder con seguridad, es muy probable que tu banco esté ganando dinero a tu costa cada vez que pagas. A continuación, desgranamos los mecanismos ocultos de estos medios de pago y, sobre todo, los errores que nunca debes cometer.

De quién es el dinero de mi tarjeta

A pesar de que la diferencia técnica parece sencilla, en la práctica su aplicación es más compleja de lo que nos gustaría. Por tanto, vamos a diferenciar:

  • En la tarjeta de débito, el dinero es tuyo. Es un acceso directo a tu cuenta corriente, por lo que si tienes 100 euros y gastas 100, la operación se aprueba. Si intentas gastar 101, se deniega.
  • En la tarjeta de crédito, el dinero es del banco. La entidad te está prestando una cantidad hasta un límite mensual asignado. Lo que gastes hoy, el banco te lo cobra, generalmente, a principios del mes siguiente. Podríamos decir que es una especie de financiamiento gratuito a corto plazo.

Pero el gran error que te cuesta dinero se produce al retirar efectivo. Muchos usuarios van al cajero automático y meten su tarjeta de crédito para sacar efectivo, pero no es buena idea. Cuando retiras dinero con la de débito en un cajero de tu red, retiras tu dinero, sin coste alguno, pero cuando lo haces con la de crédito (incluso en tu propio banco), estás pidiendo un préstamo de efectivo.

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La clave está en que las entidades suelen cobrar una comisión doble: una fija por sacar el dinero (que puede rondar el 4 % o 5 % con un mínimo de 3 o 4 euros) y, a veces, intereses inmediatos. Por poner un ejemplo, sacar 20 euros para desayunar puede costarte 25.

¿Qué es el pago revolving?

Las tarjetas de crédito tienen varias modalidades de pago, y es vital que revises la tuya en la app de tu banco ahora mismo.

En esta línea, digamos que la mejor modalidad es el pago total a fin de mes. De este modo, si gastas 500 euros, el día 1 del mes siguiente te retiran 500 euros, con 0 % de intereses. Por otro lado, está el pago aplazado o revolving. Lo tienen muchas tarjetas (especialmente las que ofrecen en grandes superficies o gasolineras) y vienen configuradas por defecto de ese modo. En lugar de pagar todo a fin de mes, pagas una cuota fija o un porcentaje de la deuda.

Pero este último sistema tiene su riesgo, ya que si tu deuda es de 1.000 euros y pagas 30 al mes, pero los intereses (TAE) superan el 18 % o 20 %, esos 30 euros apenas cubren los intereses generados. El capital pendiente apenas baja, y la deuda se extiende durante años, haciendo que termines pagando el doble o el triple de lo que compraste.

¿Cuándo es mejor usar la de crédito?

Al ser dinero del banco, las tarjetas de crédito suelen incluir seguros asociados mucho más potentes:

  1. Seguro de accidentes y asistencia en viajes: Si pagas el billete de avión con ella, sueles estar cubierto.
  2. Protección antifraude: Si te clonan la tarjeta de débito, el dinero desaparece de tu cuenta real y, aunque el banco te lo devuelva, puedes quedarte sin saldo. Si clonan la de crédito, lo que desaparece es el dinero del banco (la línea de crédito), por lo que tu dinero está intacto hasta que se resuelva el problema.
  3. Alquileres: Para alquilar un coche o reservar ciertos hoteles, la tarjeta de crédito es obligatoria. Bloquean una fianza sobre el límite de crédito sin tocar tu dinero real. Si usas débito, te retendrán tu dinero líquido, dejándote sin efectivo durante tus vacaciones.

Lo mejor, por tanto, es llevar siempre ambas. Usa la de débito para el día a día, sacar dinero del cajero y control de gastos pequeños, y reserva la de crédito para compras online, viajes y emergencias.

 

Fuente: adslzone