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Desde que las principales marcas del sector confiaron en los sensores ópticos de frecuencia cardiaca para hacer sus lecturas de pulso, muchos de nosotros hemos dejado de usar las clásicas bandas que se ponen en el pectoral y que durante tantos años han dado tan buen rendimiento. Ahora, sabemos que es un error.

Garmin fue una de las marcas pioneras en incluir un sensor óptico de frecuencia cardiaca en la parte trasera de sus relojes. Una importante innovación que nos permite disfrutar de una mayor comodidad, puesto que no necesitamos la clásica banda de lectura que se coloca en el pecho y que, en ocasiones, provocaba rozaduras. Especialmente cuando la utilizábamos para hacer entrenamientos muy largos o cuando competíamos en condiciones durante varias horas con mucho calor.

Las dudas en torno a las lecturas de datos que hacían este tipo de sensores siempre han existido. Sin embargo, no ha sido hace hace unos días cuando la ciencia ha respaldado que no son la mejor opción para medir la variabilidad de frecuencia cardiaca. Es decir, el tiempo que pasa entre dos latidos individuales en nuestro corazón. Este indicador es muy importante en deportistas, puesto que permite anticipar sobrecargas de entrenamiento o problemas de salud, por lo que es una medida muy buscada. Ahora, según las pruebas que han realizado con un Garmin Forerunner 265, uno de los más avanzados de la marca, sabemos que todavía queda un largo camino por recorrer.

garmin-frecuencia-cardiaca-cuerpo-1212-azUna persona va a nadar con un Garmin

Todavía es pronto para sustituir a las bandas

Recientemente, la Georgia Southern University llevó a cabo un estudio para comparar la concordancia entre el Garmin Forerunner 265 y una banda pectoral que analice la variabilidad de la frecuencia cardíaca en reposo. Para ello, se analizó una muestra de personas, hombres y mujeres, de entre 18 y 39 años que no tuvieran cicatrices, tatuajes o cualquier otro elemento que pudiera tener impacto en la lectura de la frecuencia.

En los resultados obtenidos entre el Forerunner 265 y la banda de frecuencia apenas se mostraron diferencias en la frecuencia cardíaca en reposo, presentando una buena concordancia relativa y absoluta. Sin embargo, cuando había que analizara la variabilidad del dato, es decir, el tiempo que transcurre entre una pulsación y la siguiente, es cuando se han notado dispersiones muy importantes.

Según el estudio, las estimaciones de VFC que ha obtenido el Garmin Forerunner 265 no son las adecuadas para investigar o para realizar un seguimiento de la saud del deportista, quedando en una segunda posición con respecto al ECG.

Para qué sirve este valor

Entre los deportistas que están acostumbrados a entrenar midiendo el esfuerzos de sus sesiones y la recuperación necesaria, la VFC sirve para monitorizar el estrés, la recuperación física y la fatiga acumulada. Esta información nos ayuda a entender cuándo el programa de entrenamiento que estamos siguiendo es demasiado intenso y el cuerpo no está respondiendo como debería, por lo que el rendimiento es menor cuantas más sesiones acumulamos, incluso antes de que aparezcan los efectos en nuestro cuerpo.

Durante los últimos años, este valor se ha convertido en un indicador muy importante y muchos deportistas lo miran constantemente antes de hacer una nueva sesión. De hecho, adaptan sus planificaciones a los valores que muestra este indicador. De este modo, logran reducir el riesgo de lesión de forma considerable.

Que relojes como el Forerunner 265 no ofrezcan el dato todo lo preciso que se espera de ellos es algo normal, puesto que el pulso que se recoge a través de la muñeca no es el mismo que el que podríamos obtener a través de una banda de frecuencia cardíaca. Por lo que si lo que, si lo que te interesa es tener el dato lo más preciso posible, te recomendamos que utilices la banda siempre que puedas.

 

Fuente: Georgia Southern University | adslzone