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Lo que hace unos años parecía una utopía ya es, desde hace unas horas, un realidad legal ineludible. A partir de este momento, cualquier portátil vendido en la Unión Europea deberá contar con el estándar USB tipo C como puerto de carga.

Es la culminación de la Directiva (UE) 2022/2380, aprobada a finales de 2022, que buscaba poner fin a la frustrante acumulación de ladrillos de carga para nuestros portátiles. Tras un periodo de gracia de más de tres años para que las marcas adaptaran sus diseños, ya es totalmente obligatorio, sin importar el precio, la marca o el grosor del dispositivo.

Estándar USB-C

Mientras que los smartphones y tablets adoptaron el USB-C con relativa rapidez, los ordenadores portátiles no lo hicieron tan rápido, ya que tenían el desafío de cubrir una mayor demanda de potencia que estos cables no eran del todo capaces de suministrar. Sin embargo, la evolución del protocolo USB Power Delivery ha permitido que hoy podamos suministrar hasta 240 W a través de un cable que antes solo servía para transmitir datos.

El objetivo de Bruselas, con esto, es triple: reducir la huella de carbono generada por la basura electrónica, abaratar costes para el consumidor y simplificar los cables. La idea es que, con un solo cable y un solo adaptador de corriente, puedas alimentar tu móvil, tu tablet, tus auriculares y, por supuesto, tu ordenador de trabajo. Según la normativa vigente, los fabricantes tienen ahora la libertad (y la obligación de ofrecer la opción) de vender el dispositivo sin el cargador incluido en la caja. Esto ya lo hemos visto en gigantes como Apple o Samsung con sus móviles, y que ahora se extenderá de forma totalmente al mercado de los ordenadores.

xiaomi-cargador-33w-2La normativa busca reducir la basura electrónica al unificar la tecnología de carga

¿Puedo cargar mi portátil con el cargador de mi móvil?

Aunque físicamente el conector sea el mismo, no todos los cargadores USB-C son iguales, y es que tu ordenador podría no cargar al conectarle el adaptador del móvil. Esto se debería a la potencia, que se mide en vatios (W). Mientras que un cargador estándar de smartphone suele moverse entre los 20 W y los 30 W, un portátil convencional requiere, como mínimo, 65 W para funcionar y cargar la batería simultáneamente. Si conectas un cargador de móvil a un portátil de alto rendimiento, pueden ocurrir tres cosas:

  1. Que el ordenador cargue a una velocidad extremadamente lenta.
  2. Que el sistema te avise de que la fuente de energía es insuficiente y no cargue en absoluto.
  3. Que el ordenador consuma batería más rápido de lo que el cargador puede suministrar, apagándose finalmente a pesar de estar enchufado.

Para aprovechar esta nueva ley, lo ideal es invertir en un cargador de tecnología GaN de al menos 100 W, que sea compacto y capaz de negociar la potencia necesaria con cada dispositivo conectado.

Excepciones a la norma

En el ámbito de los ordenadores portátiles, la norma es prácticamente absoluta, pero hay matices:

  • La ley no tiene carácter retroactivo, por lo que las tiendas pueden seguir vendiendo el stock de portátiles fabricados o importados a la UE antes del 28 de abril de 2026 que no tengan USB-C.
  • Aparatos demasiado pequeños: Aquellos dispositivos cuyas dimensiones impidan físicamente la integración de un puerto USB-C (como algunos smartwatches o sensores médicos ultrapequeños) quedan exentos, aunque no es el caso de ningún portátil actual en el mercado.
  • Carga inalámbrica: Si un dispositivo se carga exclusivamente de forma inalámbrica, no está obligado a incluir el puerto USB-C. Sin embargo, en el mundo de los ordenadores portátiles, la carga por cable sigue siendo la única vía eficiente para manejar las altas potencias requeridas.

 

Fuente: adslzone