Desde hace unos años, activar el Modo Oscuro en el móvil, el ordenador y las aplicaciones se ha convertido casi en un acto reflejo para millones de usuarios. Primero, porque suele parecernos más elegante, siempre que la interfaz esté bien hecha, y segundo, porque la sensación de que la vista no sufre tanto ante el impacto de la luz es notable.
De hecho, incluso algunos tipos de pantallas ahorran batería al estar funcionando en este modo. Pero la protagonista de este artículo es la vista, y es que esa sensación de alivio ocular es más irreal que cualquier otra cosa. De hecho, para ciertas personas, es hasta contraproducente.
Si notas que las letras parecen vibrar o que te duele la cabeza tras leer un rato en tu pantalla con fondo negro, no tiene nada que ver con el móvil en sí, sino con tus ojos y un fenómeno óptico que quizás desconozcas.
La adopción masiva de las interfaces oscuras llegó de la mano de las pantallas OLED, capaces de apagar los píxeles negros para ahorrar energía. Si bien es cierto que llegaron con esa finalidad, realmente se popularizaron por la parte estética, y en cuanto a la salud, nos hemos visto obligados a aclarar el daño que hacen estos modos de configuración.
Según advierten diversas asociaciones de optometría y estudios, forzar la lectura de texto blanco sobre fondo negro puede causar una tensión ocular severa en aquellas personas que padecen astigmatismo, incluso en grados leves que quizás ni saben que tienen. Para este colectivo, el modo oscuro no es ninguna ayuda.
El Modo Oscuro es perjudicial
Cuando miramos una pantalla blanca con letras negras (el modo claro tradicional), la gran cantidad de luz hace que nuestro iris se contraiga, por lo que la pupila se hace pequeña. Por ejemplo, en una óptica fotográfica, una apertura pequeña de diafragma aumenta la profundidad de campo y reduce el impacto de las aberraciones en el lente. Es decir, vemos más nítido con menos esfuerzo.
Sin embargo, al activar el Modo Oscuro, ocurre lo contrario. Al haber predominio de negro, el ojo detecta poca luz y la pupila se dilata para captar más. Cuando la pupila está muy abierta, el ojo es mucho menos tolerante a los defectos de enfoque.
Aquí es donde entra en juego el astigmatismo. Esta condición, causada por una córnea que no es perfectamente redonda sino ovalada, provoca que la luz se enfoque en varios puntos de la retina en lugar de uno solo. Con la pupila dilatada por el Modo Oscuro, las letras blancas brillantes sobre el fondo negro comienzan a sufrir un efecto de halación. Los bordes de las letras se desdibujan, el blanco parece brillar hacia el negro y el texto se vuelve borroso.
Para el cerebro, intentar enfocar esas letras borrosas es un trabajo constante. Como resultado, se sufre fatiga visual, sequedad y dolores de cabeza. Es decir, justo todo lo que queríamos evitar con dicho modo en color negro.
En qué casos no usar el Modo Oscuro
- Si tienes astigmatismo: Como hemos explicado, el esfuerzo para tratar de enfocar se multiplica.
- En ambientes muy iluminados: Usar el modo oscuro bajo la luz del sol o en una oficina bien iluminada hace que la pantalla sea casi un espejo. Los reflejos en la pantalla negra obligan a subir el brillo al máximo, anulando el ahorro de batería, y a forzar la vista para distinguir el contenido de los reflejos.
- Para lectura prolongada: La velocidad de lectura y la comprensión son mayores con texto oscuro sobre fondo claro.
Casos recomendados de uso
Hay varias situaciones en las que sí es muy interesante usarlo, sobre todo en condiciones de baja luminosidad ambiental. Si estás en la cama totalmente a oscuras, el modo claro es una linterna que te ciega. Ahí, y solo ahí, el modo oscuro logra reducir la emisión de luz azul para no alterar tus ritmos circadianos y evitar el deslumbramiento.
Fuente: adslzone
