Los 27 Estados Miembros de la Unión Europea acordaron durante el día de ayer solicitar a la Comisión Europea una reforma exprés que permita cambiar la norma sobre las concentraciones entre empresas para facilitar las fusiones. Incluso si consiguen su objetivo, llegaría un segundo problema más adelante: la falta de un mercado único en Europa y los conflictos de intereses para competir con los mercados principales. El problema de Europa podría ser la propia Europa.
Las telecos europeas llevan años pidiendo a Europa una mayor flexibilidad para favorecer las fusiones entre las empresas de un mismo sector con el objetivo de ganar en competitividad. En España, una de las voces más críticas en torno a esta cuestión ha sido Telefónica, cuyo presidente ejecutivo, Marc Murtra, ha advertido en diferentes ocasiones de la necesidad de avanzar en esta dirección. De hecho, incluso el propio Gobierno de España lo apoyó públicamente y presionó a Bruselas para que diera pasos hacia delante. Un movimiento que replicaron poco después desde MasOrange, alegando que la consolidación del sector depende de esta cuestión.
Los 27 Estados Miembros de la Unión Europea se pusieron de acuerdo durante la tarde de ayer para solicitar a la CE una reforma de las directrices sobre la evaluación de las concentraciones entre empresas, como informa Expansión, para favorecer las fusiones. Europa ha recibido con buenos ojos esta petición, como ha afirmado Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, “Hemos alcanzado un acuerdo para que en ciertos sectores (…) se permita un mayor grado de concentración”. El problema, sin embargo, llegará desde los propios Estados una vez reciban luz verde.
La fragmentación de Europa, el gran enemigo a batir
Se estima que en Europa existen, aproximadamente, 40 grandes operadores. En regiones como Estados Unidos o China, existen un máximo de tres grandes operadores por mercado. Esto supone una importante barrera de entrada para que las telecos de los países de la Unión Europea inviertan más dinero en mejorar sus infraestructuras, dada la escasa escalabilidad que existe.
En España, Teresa Ribera, comisaria de Competencia, ya se ha manifestado en contra de las fusiones indiscriminadas. Una opinión que se une a la opinión de Emanuele Tarantino, economista jefe del área de Competencia de la CE, que considera que históricamente las telecos han tenido una rentabilidad por encima del coste de sus productos. Por lo tanto, no existe necesidad real de favorecer las fusiones para tener más ingresos, escudándose en los generosos dividendos que han pagado a sus inversores durante los últimos años.
Ribera no entiende las fusiones como un vehículo que sea clave para mejorar la competitividad del mercado. Más aún si esto va a dar como resultado que los grandes grupos de nuestro país absorban a los más pequeños. Según sus palabras, la clave estará en crear un mercado único en la Unión Europea en materia de telecomunicaciones, en vez de que cada país tenga que aprobar de forma independiente las fusiones dentro de su territorio. De nuevo, Europa se topa con su gran problema histórico: su fragmentación y la ausencia de un mercado común para todos los miembros.
El capital de los Estados, el otro problema
Una de las principales señas de identidad del mercado europeo en materia de telecomunicaciones es que muchos grandes grupos de países como España, Alemania o Suecia, entre otros, están participados por capital estatal. Y, además, lo hacen con participaciones lo suficientemente relevantes como para tener capacidad de veto si consideran que ciertos movimientos van en contra de sus propios intereses.
Si Europa flexibilizase las fusiones en todo el territorio, los Estados también deberían ser capaces de abordar estos movimientos dejando al margen sus propios intereses en pro de los de las telecos.
De momento, todavía queda un largo camino por recorrer hasta que la CE, efectivamente, flexibilice sus políticas. Sin embargo, lo que parece claro es que pese a la insistencia de los grandes operadores europeos, los Estados seguirán siendo el principal escollo para que la UE pueda avanzar en materia de telecomunicaciones hasta competir de tú a tú con los gigantes que existen en otros mercados.
