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Instalar un software en un ordenador, especialmente en el ecosistema Windows, puede ser un proceso tan popular como tedioso. Hay que descargar el archivo, ejecutar una instalación que requiere derechos de administrador y ver cómo el programa se integra. Esto es lo que siempre se ha hecho, pero genera toneladas de basura digital, y hay que volverlo a hacer cada vez que se cambia de dispositivo.

Pero hay una forma de hacerlo mucho más rápido que permite que nuestro trabajo y nuestras aplicaciones vayan siempre con nosotros, en nuestro bolsillo. Se hace con el método de las aplicaciones portátiles almacenadas en un pendrive USB.

La clave para utilizar este método está en el concepto de portabilidad, que nos permitiría llevar en un dispositivo extraíble todas nuestras apps y nuestros ajustes personalizados. De esta manera, tendrás siempre una experiencia fluida y constante, incluso si estás usando el dispositivo de un amigo.

¿Cómo funcionan las apps portátiles?

Para entenderlo, hay que compararlas directamente con el software tradicional. Un programa al uso dispersa sus archivos ejecutables y sus configuraciones por carpetas del sistema, como C:/Program Files o incluso carpetas específicas. Por otro lado, las aplicaciones portátiles funcionan al instante desde el dispositivo de almacenamiento extraíble.

La idea central es que absolutamente todo lo que necesita la aplicación para funcionar (archivos ejecutables, componentes necesarios, datos de usuario y configuraciones personales) se almacena en un único directorio dentro de la propia unidad USB.
De esta manera, son todo ventajas:

  • No dejan huellas digitales.
  • Los archivos temporales o los datos de configuración del PC desaparecen una vez se desconecta la unidad o se apaga el equipo.
  • Otros ajustes, preferencias, marcadores y extensiones se quedan guardados en la carpeta del pendrive USB.

Como resultado, tenemos una experiencia de uso fiable y fluida, que permite llevar todo nuestro ecosistema de aplicaciones con nosotros, y poder conectar a un dispositivo o a otro sin problemas. Si quieres saber cuáles son las mejores aplicaciones portátiles, lee este artículo.

La mejor herramienta para la privacidad

El mayor beneficio del uso de aplicaciones portátiles está en el excelente nivel de privacidad y control que proporcionan, especialmente cuando se usa un ordenador fuera de casa.

Dado que la aplicación nunca se instala realmente, tampoco deja ningún rastro duradero que permita averiguar qué se hizo en ese ordenador. Una aplicación portátil bien construida evita la manipulación del registro de Windows y reduce drásticamente las posibilidades de causar problemas en el sistema anfitrión.

Esta capacidad de pasar totalmente desapercibido es perfecta cuando tienes que usar un ordenador que no es tuyo, como puede ser el de una biblioteca que usa todo el mundo. En estos entornos públicos, usar un navegador portátil, por ejemplo, te dará acceso a la web sin dejar un registro personal, ya que en el momento en que desconectas la unidad, toda tu actividad y datos personales van contigo.

El contenido está cifrado

Para los usuarios que son extremadamente cuidadosos con la privacidad, las aplicaciones portátiles ofrecen el cifrado como solución perfecta. Es muy sencillo colocar la carpeta que contiene tu aplicación autónoma dentro de un volumen seguro y cifrado en el propio USB, utilizando software como VeraCrypt.

Esto implica que, si pierdes la unidad o te la roban, se necesitará una contraseña para acceder a los archivos confidenciales y a la configuración de la aplicación. Ahí entran en juego herramientas como KeePassXC, que gestionan contraseñas y almacenan su base de datos localmente, son ideales para este formato, ya que tus claves nunca salen de tu unidad USB para ser almacenadas en la nube. Este enfoque de seguridad de múltiples capas es la mejor solución, ya que la aplicación no toca el sistema de archivos del PC anfitrión y tus datos están bloqueados tras un sólido cifrado AES.

 

Fuente: adslzone