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Los modelos de lenguaje potenciados por la IA se han integrado totalmente y de manera forzosa en el software comercial. Eso ha propiciado que los navegadores que utilizas en tus dispositivos, como Google Chrome, tengan permiso para gestionar tu almacenamiento, además de tu privacidad.

Hace unos años podría haberse considerado una práctica de software no deseada, pero hoy en día se ha normalizado, y Google lo ha aprovechado para dar un paso más en la carrera de la inteligencia artificial.

Hablamos de la descarga de un archivo binario de 4 GB. Lo peor ya no es la cantidad del espacio que nos quita del dispositivo, tanto móvil como ordenador, sino que además lo hace sin que demos permiso.

Gemini Nano

En Google Chrome tenemos un invitado al que nadie ha dado permiso para entrar. Se trata de un directorio denominado OptGuideOnDeviceModel, que alberga el archivo weights.bin. Este archivo contiene los parámetros de Gemini Nano, el modelo de lenguaje de gran tamaño que Google está introduciendo para ejecutar funciones de IA directamente en el navegador, como la ayuda de escritura.

Lo preocupante desde el punto de vista técnico no es solo el tamaño, es decir, los 4 gigas que ocupa, sino lo que hace el software. Chrome trata el hardware del usuario sin consentimiento, ya que no aparece un cuadro de diálogo ni una casilla en los ajustes que permita aceptar o rechazar esta descarga de 4 GB.

Además, según los reportes, si un usuario localiza el archivo y lo borra para liberar espacio, Chrome vuelve a descargarlo automáticamente en la siguiente oportunidad. Por otro lado, el navegador caracteriza el hardware del usuario (GPU, VRAM, memoria unificada) para decidir la elegibilidad del despliegue antes incluso de que cualquier función de IA sea visible para la persona.

hombre-preocupando-frente-a-monitor-PC-logo-Google-ChromeLa instalación de software sin consentimiento explícito genera dudas sobre la privacidad y el control del hardware por parte del usuario

Gracias a los registros del kernel de sistemas como macOS (.fseventsd), se ha podido monitorizar este proceso con precisión. En las auditorías, se ha comprobado cómo perfiles de Chrome totalmente limpios y sin interacción humana descargaron y desempaquetaron el modelo de 4 GB en apenas 14 minutos y 28 segundos. Este proceso ocurre en segundo plano, mientras el usuario realiza tareas completamente ajenas, consumiendo ancho de banda y almacenamiento sin avisarle.

Y lo peor tiene que ver con el botón o apartado de Modo IA que Google Chrome añadió al navegador. Lo normal sería que, dado que nos realiza una instalación de un modelo de 4 GB de manera local, todas las consultas se procesasen en el mismo dispositivo, pero nada más lejos de la realidad. Esa función es una superficie basada en la nube que envía cada pulsación de tecla a los servidores de Google.

Consecuencias de la IA

Más allá de perder espacio en el disco duro, este movimiento de Google tiene implicaciones legales y ambientales de una magnitud que no podemos dejar pasar, y que tiene cabida en este artículo. En términos jurídicos, esta práctica choca con la Directiva ePrivacy (2002/58/EC), que prohíbe almacenar información en el equipo del usuario sin un consentimiento previo, informado y libre. Asimismo, vulnera los principios de transparencia y minimización de datos del RGPD, al preinstalar tal cantidad de archivos ante la mera contingencia de que el usuario pueda usarla en el futuro.

Pero quizás el dato más alarmante sea el coste energético. La escala de Chrome es global, con más de 3.400 millones de usuarios. Empujar un archivo de 4 GB a una base de cientos de millones de dispositivos genera una factura climática difícil de sostener, y que ya estamos viendo. Un solo despliegue de este modelo puede generar entre 6.000 y 60.000 toneladas de CO2 equivalente, dependiendo del alcance.

 

Fuente: That Privace Guy | adslzone